A menos de un mes de las elecciones intermedias del 03 de noviembre en Estados Unidos, las encuestas muestran un escenario adverso para Donald Trump y los republicanos. Para México, sin embargo, lo importante no es anticipar quién controlará el Congreso, sino entender cómo esta presión electoral puede modificar la relación bilateral.
La encuesta Reuters/Ipsos publicada esta semana coloca la aprobación de Trump en 32%. Entre votantes registrados, los demócratas aventajan 44% a 37% a los republicanos para el Congreso. El promedio de RealClearPolling muestra una diferencia similar: alrededor de ocho puntos.
No significa que los demócratas necesariamente vayan a controlar el Congreso. La Cámara se decide distrito por distrito y el Senado, estado por estado. Pero sí muestra un entorno nacional complicado para el partido gobernante.
Un dato merece especial atención: los independientes.
Reuters/Ipsos encuentra que éstos prefieren actualmente a los demócratas 37% contra 21% de los republicanos. Sin embargo, 28% permanece indeciso. Esto convierte a los independientes en un segmento particularmente relevante durante las últimas cuatro semanas de campaña.
También hay movimientos importantes entre otros grupos. Entre los hispanos, 52% dice que votará demócrata y 26% republicano, después del avance que Trump había conseguido entre estos electores en 2024.
¿Qué está detrás de estos números?
Principalmente, el costo de vida. Aunque el desempleo estadounidense se mantiene en un relativamente bajo 4.2%, las contrataciones se han desacelerado y la inflación continúa afectando el poder adquisitivo. Para los electores, la economía se mide cada vez menos por los grandes indicadores y más por cuánto cuestan alimentos, gasolina y vivienda.
Aquí aparece la conexión con México.
Ante dificultades electorales en economía, Trump tiene incentivos para enfatizar asuntos donde sus posiciones han encontrado mayor respaldo entre los republicanos: migración, seguridad, narcotráfico y comercio.
México podría enfrentar por ello mayores exigencias sobre control migratorio, fentanilo, cárteles, detenciones y extradiciones.
Pero el frente comercial puede ser todavía más importante. El déficit comercial estadounidense aumentó en agosto a 105 mil 600 millones de dólares, mientras el déficit de bienes con México alcanzó un récord. Esto puede incrementar la presión sobre aranceles, automóviles, acero, aluminio y la revisión del T-MEC.
Existe, sin embargo, una paradoja: Trump necesita demostrar antes de noviembre que su estrategia produce resultados y México necesita certidumbre comercial.
Un Trump electoralmente debilitado no necesariamente significa menor presión para México. Puede significar más. Pero esa necesidad estadounidense de resultados también abre espacios de negociación.
El reto para México es evitar convertirse en instrumento de la campaña estadounidense y aprovechar el momento para defender con inteligencia, firmeza y pragmatismo sus propios intereses.




















