En la era digital, internet ha transformado nuestra percepción de la ciencia y la confianza en los expertos. Ante la desconfianza en las instituciones y en los líderes formales, valen más hoy en día las opiniones de los influencers y pares, a pesar de su falta de fundamento y manipulación encubierta.

 

El aumento de discursos seudocientíficos o anticientíficos como el terraplanismo, el movimiento antivacunas y la negación del cambio climático es inquietante, ya que desafían consensos científicos y se basan en datos falsos.

 

Este crecimiento tiene varias causas:

 

  • Popularidad y sensacionalismo: Los contenidos anticientíficos suelen ser sensacionalistas, lo que los hace destacar en las redes sociales y volverse virales.
  • Sesgo de confirmación: Las personas buscan información que confirme sus creencias, promoviendo así la difusión de contenidos anticientíficos entre grupos con opiniones similares.
  • Intereses comerciales: Individuos y empresas se aprovechan de la difusión de información errónea con fines de lucro, a través de publicidad o la venta de productos relacionados con la pseudociencia.
  • Efecto de comunidad: La pertenencia a grupos en línea que promueven teorías anticientíficas crea un sentido de comunidad que fortalece estas creencias.
  • Dificultad para detectar desinformación: Muchas personas no pueden discernir entre información científica confiable y pseudociencia.

 

El pensamiento pseudocientífico o anticientífico ha ganado popularidad recientemente y tiene un impacto perjudicial en la salud pública principalmente (https://bit.ly/3ZVEtMD).

 

Aunque estas creencias no dominan completamente nuestra percepción de la realidad, algunas personas las adoptan en ciertos aspectos mientras mantienen puntos de vista racionales en otros.

 

El desafío es cómo estas creencias pueden influir en nuestra visión general del mundo. La desinformación en línea amenaza la credibilidad del periodismo profesional y compite con actores no éticos.

 

Para abordar este problema, el periodismo científico debe adaptarse al entorno digital, enfocándose en la precisión y evitando titulares sensacionalistas. Las audiencias deben asumir un papel activo en la verificación de contenidos y la promoción de información confiable (https://bit.ly/46SzgY5).

 

La alfabetización digital y científica es esencial para fomentar la crítica y distinguir entre información confiable y falsa, y esta responsabilidad debe ser compartida por el periodismo, instituciones y la sociedad en su conjunto.

 

En resumen, el aumento de discursos anticientíficos en línea representa un desafío importante. El periodismo científico es clave para combatir la desinformación, pero requiere la participación activa de las audiencias y una mayor alfabetización para abordar este problema con eficacia.