México está viviendo una paradoja económica muy interesante: tenemos una oportunidad enorme, pero ahora necesitamos construir la capacidad para aprovecharla.
Los datos son reveladores. En el primer semestre de 2026, México exportó 82,900 millones de dólares en servidores, equipos fundamentales para los centros de datos y la inteligencia artificial. Las exportaciones crecieron más de 172% en un año y casi 94% tuvieron como destino Estados Unidos.
Es decir, México ya está participando en la nueva economía digital. Pero la pregunta importante es: ¿cuánto valor estamos capturando realmente?
Y aquí aparece el desafío. Necesitamos más energía. Más agua. Mejor infraestructura. Más talento especializado. Y, sobre todo, más empresas mexicanas incorporadas a las cadenas de mayor valor.
Sonora es un buen ejemplo.
En el segundo trimestre de este año, el estado exportó 8,525 millones de dólares, un récord para la entidad. Y hay algo particularmente interesante: además de equipo de transporte y minería, Sonora exportó 1,251 millones de dólares en equipo de computación, comunicación y componentes electrónicos.
Esto significa que Sonora ya está dentro de las cadenas de la economía tecnológica. Además, su manufactura creció 5.7% anual en junio, uno de los mayores ritmos del país.
Pero aquí está el siguiente reto. No basta con exportar más. Tenemos que generar más valor aquí.
Que haya más proveedores. Más técnicos especializados. Más ingeniería. Más innovación. Más empresas capaces de venderle a las grandes compañías.
Y eso requiere resolver capacidades muy concretas: energía, agua, infraestructura, talento y vinculación entre empresas y universidades.
De hecho, Sonora y Arizona ya cuentan con una red de universidades e instituciones de investigación que trabaja en temas como semiconductores, inteligencia artificial, agua y energía.
Por eso creo que la discusión debe cambiar. México y Sonora ya tienen oportunidades. Ahora necesitan capacidad para capturar una mayor parte de su valor.
La pregunta ya no es solamente: ¿Cómo atraemos inversión? La pregunta es: ¿Cómo hacemos que esa inversión genere más conocimiento, más empresas mexicanas, más talento y mejores empleos?
Porque la verdadera competencia internacional ya no será solamente por atraer capital. Será por tener la capacidad de convertir ese capital en prosperidad.
















