México está avanzando hacia reglas nacionales para limitar el uso de celulares en las escuelas.
Y parece existir bastante consenso sobre que tenemos un problema. La SEP consultó a 565 mil maestros: 81% quiere reglas claras; 48% dice que los celulares dificultan mantener la atención y casi 39% ha visto conflictos originados en redes sociales trasladarse a la escuela.
La preocupación también existe entre los ciudadanos. Una encuesta nacional de Enkoll para El País y W Radio encontró que 84% de los mexicanos considera inseguro para los menores el uso de internet y redes sociales. Preocupan el contacto con desconocidos, el ciberacoso, los contenidos violentos y la adicción.
Entonces parecería sencillo: prohibamos los celulares.
Pero aquí está la pregunta que me interesa: ¿Sabemos si prohibirlos funciona?
México ya tiene experiencia. La SEP informa que 17 estados cuentan con algún tipo de regulación. Sonora está entre las entidades que ya han establecido restricciones.
Antes de adoptar una política nacional uniforme, deberíamos aprovechar esa experiencia y evaluar: ¿Mejoró la atención? ¿Disminuyó la indisciplina? ¿Bajó el ciberacoso? ¿Mejoró el aprendizaje? ¿Los estudiantes conviven más?
No encuentro todavía una evaluación pública rigurosa que permita responder estas preguntas para Sonora y comparar sus resultados con estados sin restricciones.
La experiencia internacional también aconseja equilibrio. UNESCO reporta que más de 114 países han adoptado algún tipo de regulación sobre celulares, plataformas o redes sociales en las escuelas.
Mi posición sería muy concreta: Sí a restringir fuertemente el celular durante las clases, especialmente en primaria y secundaria. Pero prohibir no basta.
Necesitamos también educación digital, participación de los padres y evaluación de resultados. Porque nuestros hijos van a vivir en un mundo con más tecnología, redes sociales e inteligencia artificial, no con menos.
La escuela debe proteger unas horas para aprender sin competir permanentementecon TikTok, Instagram o WhatsApp.
Pero también debe enseñar algo más difícil: a controlar la tecnología en lugar de que la tecnología los controle a ellos.
Y antes de extender una política a todo México, aprovechemos la experiencia de los estados que ya la aplican.
En política pública no basta que una medida parezca buena. Hay que demostrar que funciona.




















