La desiguladad es una de las principales características de los tiempos actuales, cuya mayor consecuencia es la asimetría en el acceso a las oportunidades entre las personas, las empresas y organizaciones, los países y las regiones. Pero también hay severas desigualdades en materia de género y acceso a los beneficios del desarrollo. Es un tema donde poco hemos avanzado y seguimos retrocediendo. Pocos se están quedando con mucho, y muchos tienen acceso a muy poco.

A esta situación, ahora hay que adicionarle una nueva y peligrosa diferencia: la desigualdad generacional. En nuestros días conviven cuatro generaciones distintas: los centennials (18-24 años), los millennials (25-39), la generación X (40-55) y los baby boomers (más de 55). “Cada grupo se ha desarrollado en un contexto distinto que ha influido en su manera de percibir el mundo del trabajo” (https://bit.ly/361KpvF).

Llama la atención la situación tan compleja que enfrentan los millennials y los centennials. Además de un mundo más complejo, polarizado y desigual, viven en una compleja situación económica que los hace más propensos que sus antepasados a vivir endeudados y excluidos de los beneficios del desarrollo. Parece que estas generaciones no tienen un “elevador social” y tienen más posibilidades a convertirse en parte de los marginados. Por todo ello, a los millennials y a los centennials se les empieza a conocer como las generaciones “deprimidas”.

Los jóvenes se encuentran abrumados por la complejidad de sus vidas, desde la responsabilidad excesiva por los problemas globales no resueltos hasta los bajos ingresos, la inestabilidad y la insatisfacción laboral. En contraparte, hay evidencia de un mayor uso de antidepresivos, terapias psicológicas y síntomas de ansiedad y tristeza (https://bbc.in/3JdO7zX).

 

¿Qué factores están influyendo en esta depresión generacional?

Mayor impacto por la pandemia, coronafobia y soledad. Si bien los efectos de la pandemia del covid-19 fueron generalizados, no podemos dejar de reconocer el mayor impacto entre los jóvenes que han vivido “estados desagradables como la coronafobia (una ansiedad excesiva a contraer el coronavirus), ansiedad, fatiga pandémica (una reacción de agotamiento frente a una adversidad mantenida y no resuelta), etc. La coronafobia y la fatiga pandémica son algunos de los factores que contribuyen a la depresión en estas generaciones¨.

Ansiedad social. “La soledad de ese momento choca ahora de frente con la vuelta a la vida social, provocando muchas veces ansiedad en adolescentes y jóvenes. Es a lo que se le ha denominado resaca social. Después del aislamiento debido a la pandemia, muchos jóvenes no se sienten capaces de conectar con sus pares”.

Redes sociales. “Las redes sociales se han convertido en un refugio para muchas personas jóvenes que se sienten mal. Cabe destacar que un uso adecuado de las mismas es positivo. El uso excesivo de las redes sociales puede afectar negativamente a los jóvenes en dos sentidos: un uso excesivo o como elusión de momentos de ansiedad. Esto puede provocar que se refugien en las redes con el objetivo de sustituir situaciones sociales en vivo; y un uso sesgado les podría exponer únicamente a contenido con el que pueden compararse negativamente”.

Frustración laboral. “Estas generaciones fueron ‘educadas en una meritocracia’ muy enfocada al éxito laboral y socioeconómico condicionado al esfuerzo. Los estudios universitarios se equiparaban con éxito laboral y, sin embargo, cuando acabaron dicho periodo, se produjo una crisis económica que no permitió que se pudieran desarrollar en el trabajo. Ahora pueden sentir miedo a que suceda lo mismo a raíz de la pandemia”.

En México hay 31.2 millones de jóvenes (15-29 años), que representan la cuarta parte de la población total. De ellos, 17.6 millones se encuentran en situación de pobreza, 56%. Por diversas razones, incluidas la pandemia, algunos estudios revelan que 21.5 millones (69%) no participan de manera regular en el sistema educativo.

Quienes logran graduarse y acceder al mercado laboral profesional, obtienen sueldos promedios de $12,930 mensuales (ENOE-INEGI 2021). Este ingreso los coloca lejos de poder cumplir con los hitos tradicionales de la vida adulta como adquirir una casa o un automóvil. Para acceder a una casa financiada por el INFONAVIT tendrían que aportar mensualmente cerca de $3,860 y por un vehículo compacto pagarían $2,800 mensuales, casi la mitad de sus ingresos.

Los jóvenes en la actualidad viven una situación muy complicada, producto de viejos problemas sin resolver, una creciente desigualdad y un bajo crecimiento económico. Ello los está llevando a una crisis mayor, a la “depresión”. Algo debemos de hacer para corregir esta terrible situación y darles la oportunidad y esperanza de un mejor futuro. De no hacerlo, crecería la depresión y la frustración entre ellos, cuyas consecuencias pueden ser inimaginables.