La guerra entre Ucrania y Rusia corre el riesgo de llevarnos a la tercera guerra mundial, con consecuencias inimaginables por el poder nuclear de los rusos y la posibilidad de que se involucren otros países, entre ellos Estados Unidos.

Pero hay otra preocupación adicional: la posibilidad del inicio de la primera guerra cibernética mundial. En este caso no hay manera de imaginar los daños, porque sería el primer caso en la historia.

A Rusia se le ha señalado de manera reiterada como responsable de distintos ataques cibernéticos en el mundo. Solamente en el caso de Ucrania, existen varias denuncias de su gobierno por asaltos cibernéticos de su parte. Es el caso de las acometidas a la red eléctrica de 2015 y 2016, que se calcula afectaron a más de 200,000 ucranianos, y del virus malicioso NotPetya, que inició en Ucrania, afectó al sector financiero mundial en 2017 e infectó a millones de computadoras y causó daños por miles de millones de dólares.

En 2020, el gobierno de Estados Unidos acusó a varios oficiales de inteligencia de Rusia de haber participado en el desarrollo del virus NotPetya y de participar en los ataques a la red eléctrica de Ucrania (https://bit.ly/3tpJlcQ).

Es posible que estemos por presenciar entonces la posibilidad de una primera guerra mundial cibernética, donde las armas más importantes que se podrían utilizar en Ucrania, y eventualmente en los países que apoyan a este país, son: ataques masivos de “denegación de servicio” (DdoS, por sus siglas en inglés), la liberación de virus maliciosos (malware en inglés) y la proliferación de noticias falsas asociadas para crear miedo y confusión.

De acuerdo con Wikipedia, los ataques por denegación de servicios son “un ataque a un sistema de computadoras o red que causa que un servicio o recurso sea inaccesible a los usuarios legítimos. Normalmente provoca la pérdida de la conectividad con la red por el consumo del ancho de banda de la red de la víctima o sobrecarga de los recursos computacionales del sistema atacado”. Estos asaltos se realizan a través de granjas de bots (una herramienta digital que se usa para realizar tareas repetitivas, predefinidas y automatizadas), donde se acusa a Rusia de tener granjas gigantescas de ellos.

Los virus maliciosos o malware, o programa malicioso, programa maligno, programa malévolo, programa malintencionado, es “cualquier tipo de software que realiza acciones dañinas en un sistema informático de forma intencionada (al contrario que el ‘software defectuoso’) y sin el conocimiento del usuario (al contrario que el software potencialmente no deseado.

Aunado al uso las herramientas para causar daños en los sistemas informáticos, estas estrategias van acompañadas de la difusión de noticias falsas o malintencionadas que confunden sobre los efectos de los ataques y causan confusión, miedo y caos generalizado.

Las embestidas cibernéticas pueden ser usadas para afectar la operación de los sistemas primarios de los sistemas financieros, sistemas de telecomunicaciones, de control del espacio aéreo o los que manejan la infraestructura crítica de un país como son los sistemas de agua, electricidad, salud y demás.

Sería difícil de imaginar las consecuencias de un ataque al sistema bancario de Ucrania, un país europeo o de Estados Unidos, la dificultad para probar su autoría y la calibración de la respuesta al mismo.

Hay quienes aseguran que la probabilidad de ataques cibernéticos a gran escala es escasa ante los sistemas y protocolos de seguridad existentes. Sin embargo, la experiencia ha sido otra. Basados en los casos exitosos de daños, existen grupos de expertos que están lanzando una alerta preocupados por las posibilidades de causar daños a gran escala de una guerra cibernética mundial.

Esperemos que el actual conflicto entre Ucrania y Rusia pronto se resuelva de manera justa y siente un precedente para evitar nuevos riesgos de confrontación, y que las alertas y alarmas de una guerra cibernética a gran escala quede solo una amenaza.