Sonora cuenta con una cifra del Índice de Desarrollo Humano (IDH) muy por encima de la media nacional (0.848 contra 0.770), lo que significa que, en términos generales, los sonorenses disfrutan de una buena calidad de vida. Sin embargo, al penetrar en el análisis a nivel local encontramos enormes disparidades: mientras el municipio de Hermosillo tiene un IDH de 0.891, en la escala más baja del desarrollo humano se encuentran municipios como Rosario y Yécora, con 0.732 y 0.722, respectivamente.

Más allá de las estadísticas, esto tiene profundas implicaciones para el bienestar de un sector de la población sonorense, porque significa, de acuerdo a cómo se construye el IDH, que en estos dos últimos municipios hay menor esperanza de vida e ingreso per cápita y un acceso más restringido a la educación.

Para los sonorenses, que somos un pueblo solidario, que somos portadores por naturaleza de una poderosa cultura de la prosperidad, nos resulta inconcebible que todavía miles de paisanos no puedan disfrutar de una vida con calidad y con libertad.

Por otra parte, según datos oficiales del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en 2010 existían 902,637 pobres multidimensionales que representan la tercera parte de la población. 139,000 eran pobres extremos, que carecían de condiciones, incluso, para hacer efectivo un derecho social elemental, como lo es el derecho a la alimentación. Aún más, en 2010 en línea con el Censo de Población y Vivienda del Inegi: 14% de la población sufría rezago educativo; 26% no contaba con acceso a servicios de salud y 14% carecía de servicios básicos en su vivienda como agua potable, drenaje y electricidad.

Ésta fue la realidad social que heredó la administración del gobernador Guillermo Padrés Elías en 2009, y de ahí el enorme esfuerzo que está realizando para lograr el desarrollo integral de todos los sectores de la población y brindarles mejores niveles de vida y prosperidad.

Se trata de un gobierno humanista que entiende que esos niveles de pobreza y esas brechas de desigualdad son el caldo de cultivo del que se nutren la frustración, la fractura del tejido social y familiar, la violencia y la delincuencia, además de que constituyen un obstáculo insalvable para el desarrollo sostenido y la competitividad, en un estado que ha hecho de la atracción de inversión nacional y extranjera uno de sus pivotes más importantes para el crecimiento y la generación de empleos.

Sonora se ha puesto a la vanguardia en materia de desarrollo humano durante esta administración con el lanzamiento de iniciativas tan importantes como los modelos integrales de superación de la pobreza en las comunidades del poblado Miguel Alemán y en Etchohuaquila, y con el Programa “Un nuevo futuro” para garantizar a todos los alumnos de las escuelas públicas del nivel básico el acceso a computadoras e Internet de banda ancha para romper la brecha digital y elevar la calidad de la educación que reciben nuestros niños y nuestros jóvenes.

Sonora es, hoy, un laboratorio de reingeniería institucional donde estamos ensayando nuevos modelos de combate a la pobreza, políticas públicas innovadoras con fuertes componentes de participación social que habrán de convertirse en el corto plazo, no me cabe la menor duda, en referentes a seguir a nivel nacional e internacional para orgullo de todos los sonorenses.

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