Renegociación del TLCAN: la hora de la verdad

Esperamos que el equipo negociador ponga por delante el interés superior de México.
21agosto

Ha iniciado la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), un instrumento que a lo largo de sus 23 años de vigencia ha generado prosperidad y beneficios para millones de personas en México, Estados Unidos y Canadá. Sin duda ha tenido también costos importantes para diversos sectores en los tres países. Hay ganadores y perdedores de la competencia y el libre comercio, que son el corazón del tratado pero, en el balance, sin duda, ha imperado más lo positivo.

El TLCAN vino a incrementar dramáticamente las exportaciones mexicanas: de 60,000 millones de dólares en 1994 (el año en que el TLCAN entró en vigor) a casi 380,000 millones de dólares en 2016. El tratado ha generado la zona más competitiva y eficaz de nuestra economía, la más innovadora, la que ha creado el mayor número de empleos de calidad, que son claves para la movilidad social y la reducción de los niveles de pobreza.

Sin embargo, no hay tratado perfecto. El TLCAN provocó la quiebra de miles de empresas nacionales que no fueron capaces de soportar la apertura comercial.

tlcan infografiaDéjenme poner en la mesa, para ilustrar los beneficios contra los costos del TLCAN, el caso de un producto específico: el maíz. La mayor parte del grano que se consume en México proviene de EU; se cultiva en condiciones tecnológicas muy avanzadas en Iowa, Nebraska, Illinois y Minnesota. Las poderosas empresas maiceras de esa región se han convertido, paradójicamente, en aliados de México contra la apuesta proteccionista de Trump. No se pueden dar el lujo de perder el mercado mexicano que representa la mayor parte de su mercado internacional.

Importar grano del vecino país nos ha permitido, por más de 20 años, mantener bajo el precio del maíz y la harina de maíz. Sin la compra de maíz blanco de EU, seguramente la tortilla estaría costando no 12 o 13 pesos el kilo, sino tres o cuatro veces más, en un contexto donde prácticamente la mitad de los ingresos de los hogares más pobres se
destinan a la alimentación.

Sin embargo, tenemos que valorar la otra cara. Esta semana que he estado de visita en la Ciudad de México, fui testigo de una movilización de miles de campesinos que exigen echar atrás el TLCAN e incrementar el presupuesto y los subsidios al sector rural. La apertura del mercado ha sido durísima para los productores de maíz en México. Muchos han quebrado, han tenido que emigrar a las ciudades o a EU porque vieron fracturada la base de su economía local, su cultura y su sustentabilidad social.

Lo mismo ha sucedido con otros sectores. Recuerdo que en los años del proteccionismo, los ochenta, la única posibilidad de conseguir una computadora de escritorio en este país era comprándosela a una empresa de Guadalajara –Printaform– a un costo aproximado de 30,000 pesos. Hoy, es posible tener un equipo de última generación por menos de 10,000 pesos. Lo mismo ha sucedido con electrónicos, línea blanca, automóviles, productos que hoy forman parte estructural de los patrones de consumo no sólo de la clase media, sino también de aquellos mexicanos que están en la base de la pirámide social. Como decía Gilles Lipovestky: “El acceso irrestricto al mercado, para todos, democratiza y puede convertirse en un poderoso elemento simbólico de inclusión y cohesión social que fortalece la legitimidad”.

Pero hay también otros muchos beneficios atribuibles al TLCAN: ayudó a quebrar las políticas populistas que predominaron en los años setenta y ochenta y obligó a los gobiernos mexicanos a comprometerse con la estabilidad macroeconómica a través del cuidado de las finanzas públicas y el control de la inflación.

Hay algunos que, incluso, le atribuyen al TLCAN un importante papel en el desmantelamiento del régimen autoritario de partido único creado por el PRI. La apertura al mundo fue no sólo económica, fue también cultural y política; nos enseñó a vernos en el espejo de otros países y a aspirar a mejores condiciones democráticas.

La renegociación del TLCAN no será fácil. Se avizoran, sin duda, momentos muy complicados sobre todo por el contexto político en EU, con un Donald Trump acorralado, sumido en una grave crisis de liderazgo. Hay un enorme riesgo de que tome al TLCAN como rehén para legitimarse con su electorado.

Todos esperamos que el equipo negociador de México, que tomó la correcta decisión de hacerse acompañar de legisladores y empresarios, ponga por delante el interés superior de México y tenga el liderazgo inteligente y la visión estratégica para minimizar daños y potenciar oportunidades. Estaremos muy pendientes. Parte de nuestro futuro está en juego.

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