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Las redes sociales se extienden de manera exponencial en el mundo. Actualmente se calcula que uno de cada tres habitantes del mundo participa en ellas. Estamos hablando de más de 2,550 millones de usuarios interesados en mantener una comunicación directa, sin intermediaciones, entre iguales.

Destacan, entre las redes más populares, Facebook y Twitter, con 1,160 y 500 millones de usuarios respectivamente, cifras que superan muchos de las actuales países que compiten en la escena mundial. Son los nuevos grandes países de la era digital y del conocimiento. Todavía no tienen una identidad propia, ni la cohesión que da una historia común y valores compartidos, pero cada día hay más cosas comunes que se comparten. Nadie alcanza todavía a pensar hasta dónde llegará esta nueva realidad.

Las redes sociales impactan todo: derrumban, exhiben, derrotan, mienten, manipulan, defienden, unen, separan. Es la más pura expresión del caos ordenado.

Influyen en todo: en los negocios, las industrias, los debates, las noticias, la política, los gobiernos. Nos acercamos a nuevas formas de acuerdo, a nuevas formas de democracia directa, instantánea y efímera. Lo que hoy se dice, en el mismo día puede ser desmentido, no reconocido o simplemente cambiado. A nadie le importa, incluso, que lo que se dice sea verdad. La oportunidad manda.

Este es el caso de Donald Trump, el flamante presidente de Estados Unidos, que desde su campaña nos había mostrado su propensión a aprovechar este nuevo mundo de la democracia digital o en tiempo real. Acusado por sus adversarios y competidores de mentir constantemente –al menos en ello fue consistente– y usar las redes sociales, especialmente Twitter, como arma de difamación, amenaza y agitación.

En su primera semana al frente del país más poderoso del mundo, Trump ha superado los pronósticos más pesimistas, y a usado Twitter como medio para gobernar. Bajo el argumento de que los medios de comunicación tradicionales mienten y manipulan, ha decidido mantener una comunicación directa con sus gobernados.

En una semana, con 58 tuits, ha provocado diversas polémicas, entre ellas su enfrentamiento con México por la construcción y pago del muro fronterizo y la inmigración ilegal que acusa de delincuentes y narcotraficantes.

En su campaña nos mostró Trump hasta dónde puede llegar. Un ejemplo de ello fue su cambiante posición sobre el aborto que duró horas. Pero el Sr. Trump puede más que eso. Con base en decretos y tuits ha logrado ser el personaje más importante de la escena mundial. En México, según una encuesta de GGC y Excélsior, 89% de los mexicanos tenemos muy mala opinión de él. En muy corto tiempo se ha convertido en el villano favorito.

A través de sus cuentas @Potus (siglas de President Of The United States), y la personal @realDonaldTrump, que no abandona en evidente confrontación con los protocolos de la Casa Blanca, ha ejercido su gobierno, de manera directa y constante. Y tiene con qué: la cuenta @Potus cuenta con 14.5 millones de seguidores, y la @realDonaldTrump con 22.8 millones.

Algo que llama la atención es la falta de interés en la interacción, pues en @Potus sigue a 6 personas y en @realDonaldTrump a 41.

Hoy 140 caracteres le son suficientes a Trump para gobernar, sin el consenso ni la intermediación de nadie. A reducido temas tan complejos como la relación con México a unos tuits. Y ahí está el mayor peligro: la complejidad no puede ser siempre bien comunicada al sintetizarla. La realidad puede colocar en grandes problemas al presidente estadunidense, y al mundo mismo.

Twitter es una red social difícil, crítica y llena de odio. Según un estudio de la Universidad de Texas, 38% de los tuits escritos tienen la intención de molestar. Esta red está contaminada por la ira, y por personas y grupos extremistas que buscan influir y comunicar odio, discriminación y confrontación.

Esperemos que pronto el señor Trump entienda que gobernar es algo serio, que merece actuar con responsabilidad o respeto. Al ser el “Presidente Twitter” juega con fuego. Puede inaugurar un nuevo modelo de gobernar, directo y popular, o puede convertirse en el primer gran perdedor de la nueva oportunidad de comunicación directa que ofrecen los medios digitales.

Y recordemos: las redes son un medio, que sólo hace más grande lo real, incluyendo la estupidez.

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