El Senado de Estados Unidos dio anoche el primer paso para poner fin al cierre de Gobierno más largo en la historia del país, que ya supera los 41 días. Con una votación de 60 a 40, un grupo de ocho senadores demócratas rompió el bloqueo partidista y se unió a los republicanos para aprobar una legislación que permitirá reabrir la mayoría de las agencias federales hasta enero.
El proyecto deberá ser aprobado por la Cámara de Representantes, donde los republicanos tienen mayoría, y posteriormente firmado por el presidente Donald Trump, quien aseguró que “vamos a abrir nuestro país muy rápidamente”.
El acuerdo busca frenar una parálisis gubernamental que ha tenido un costo estimado entre 7 mil y 14 mil millones de dólares, de acuerdo con la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO). La Casa Blanca calcula pérdidas de hasta 15 mil millones de dólares por semana si el cierre se prolonga, mientras el Comité de Servicios Financieros del Congreso advierte impactos de entre 10 mil y 30 mil millones semanales. En conjunto, el “shutdown” ha reducido al menos 0.2 puntos porcentuales del PIB del primer trimestre y ha dejado a más de 800 mil empleados federales sin salario, afectando directamente el consumo interno y la confianza económica.
Una de las consecuencias más visibles ha sido la crisis aérea, con casi 5 mil vuelos cancelados el último fin de semana. El secretario de Transporte, Sean Duffy, advirtió que el tráfico aéreo podría “reducirse drásticamente” si el cierre se prolonga hacia la temporada alta del Día de Acción de Gracias. Las demoras y cancelaciones ya afectan a 40 aeropuertos, con pérdidas millonarias para aerolíneas, comercios y pasajeros.
El cierre también paralizó la publicación de estadísticas oficiales del Departamento de Comercio y la Oficina del Censo, lo que ha retrasado indicadores clave como inflación, empleo y ventas minoristas. Esta falta de información pública ha generado incertidumbre en los mercados financieros y dificultades para la Reserva Federal, que depende de estos datos para definir su política monetaria. Sin estadísticas confiables, empresas e inversionistas enfrentan mayores riesgos en sus decisiones.
Para México, los efectos son también significativos. La falta de datos y la desaceleración económica estadounidense afectan las exportaciones y las cadenas de suministro del T-MEC, especialmente en sectores automotriz, electrónico y agroalimentario. Además, los retrasos en aduanas y aeropuertos han complicado el comercio transfronterizo, mientras la volatilidad del dólar presiona al tipo de cambio.
El cierre se originó en el desacuerdo entre republicanos y demócratas sobre los créditos fiscales para seguros médicos. Tras seis semanas de estancamiento, la presión económica y social llevó a un grupo de demócratas a apoyar el acuerdo bipartidista que ahora avanza en el Congreso. Aunque la reapertura podría tardar algunos días más, la votación en el Senado representa un punto de inflexión.
La crisis deja una lección clara: la polarización política tiene costos económicos y sociales reales que trascienden fronteras, afectando no solo a Estados Unidos, sino también a sus principales socios, como México.












