Una compañía “startup” o compañía “emprendedora” es un término utilizado en el ambiente empresarial para denominar a un nuevo negocio o proyecto que busca explotar un nuevo nicho de mercado.

Google, Intel, Apple, Facebook, SUN Microsystems, Symantec, Yahoo, AMD, entre muchas otras, que se han convertido con el tiempo en corporaciones líderes a nivel mundial, surgieron como startups en el Silicon Valley, en la bahía de San Francisco, California.

La clave de su éxito y consolidación radica en la combinación de dos factores: 1) por un lado un grupo de talentosos jóvenes emprendedores surgidos de universidades líderes –Stanford, MIT, Caltech– expertos en el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) y, del otro, 2) un conglomerado de inversionistas “ángeles” o “mecenas empresariales”, decididos a comprometer recursos en esos proyectos incipientes, alentados por el enorme potencial de generación de utilidades que estos representan. La apuesta les funcionó. Varias de estas empresas encabezan la lista de Forbes por su valor de mercado.

Durante la década pasada, debido en gran parte al influjo de la crisis de 2008-2009, se inició el surgimiento de “inversionistas ángeles”, dedicados a financiar startups enfocadas a trabajar en temas sociales.

Es el caso de UEIA (se pronuncia “huella“) con base en España, un fondo de inversión, una “aceleradora” especializada en emprendimientos sociales de base tecnológica, que financia iniciativas como Afables, que conecta personas para cuidar a enfermos dependientes en sus hogares; Braintage, que ofrece alternativas laborales a personas de la tercera edad; Creciclando, una red de intercambio de productos para bebés y niños (ropa, juguetes, accesorios, etc.) con el propósito de reutilizar y compartir no sólo productos, sino también experiencias entre padres en el cuidado de sus hijos.

En México, surgen algunas opciones como la que representa New Ventures, dedicada al financiamiento de proyectos en salud, educación, agua, inclusión financiera, consumo sustentable, y reciclaje y manejo de residuos. Como IncubaSocial que apoya iniciativas enfocadas a evitar el desperdicio de comida y a combatir el bullying o acoso escolar. Otro caso es FINAE, una microfinanciera que otorga créditos educativos a estudiantes que no cuentan con recursos suficientes para pagar una universidad privada. Sin embargo, el desarrollo de este ecosistema emprendedor es todavía muy incipiente.

De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y su estudio Los Emprendedores de TIC en México: Recomendaciones de política pública para su nacimiento, crecimiento y consolidación son muchos los obstáculos a los que se enfrentan los emprendedores sociales en TIC en México. Uno de los más graves, es la falta de financiamiento, debido a la propensión de los inversionistas a concentrarse en los sectores tradicionales en lugar de nuevos mercados (58% de los emprendedores en TIC declaran haber utilizado fondos personales). En cambio, el mismo estudio señala que en Estados Unidos las startups reciben 50% de todo el capital de riesgo.

Hay una enorme reserva de liderazgos sociales y profesionistas en las instituciones públicas y privadas de educación superior con vocación social y de servicio. Se trata de jóvenes dispuestos a impulsar iniciativas que generen valor para la sociedad y a impulsar los cambios que México necesita, con base en el uso innovador de las TIC. ¿Qué esperan? Que alguien se convierta en su “mentor”, les ayude a tener el soporte necesario, a adquirir las técnicas y las herramientas de la emprendeduría, y capital fresco.

De ahí mi propuesta de crear una emprendeduría pública, una incubadora de startups sociales a partir de recursos e infraestructura provenientes de cuatro fuentes: universidades, organizaciones de la sociedad civil, empresarios y gobierno.

Es hora de habilitar con herramientas tecnológicas para la intervención social a una ciudadanía que quiere asumir un más activo protagonismo en la atención a los problemas más urgentes: la pobreza, la desigualdad, la exclusión, la inseguridad, el deterioro del espacio público, la fractura del tejido social, la incivilidad.

Ello implica asumir una visión de empoderamiento ciudadano, como clave para la generación de una sociedad más próspera, justa, incluyente y cohesionada.

Es hora de poner a las TIC y la cultura emprendedora al servicio de México.

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