Trump y los riesgos para México

Ante la falta de visión prospectiva del gobierno, es hora de que desde las filas de la sociedad civil, los empresarios y las instituciones académicas, empecemos a proponer respuestas.

La victoria de Donald Trump se sustentó, en gran medida, en el compromiso de “hacer a América nuevamente grande” retornando a ese país industrias que han migrado hacia otras naciones en busca de costos de producción más competitivos. A la par el magnate prometió derogar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, por considerar que es responsable de una importante fuga de inversiones y fuentes de trabajo. Para cerrar esta pinza, Trump amenazó en su campaña con imponerle a compañías que manden empleos a otros países un arancel de 35%. El discurso proteccionista del magnate generó un enorme atractivo entre un amplio sector de la sociedad norteamericana agraviada por el deterioro de su calidad de vida y sus oportunidades de prosperidad.

El empresario se anotó su primera victoria política en la perspectiva de esta agenda, al “convencer” a la empresa Carrier Corp., fabricante de equipos de calefacción y aire acondicionado, de mantener unos mil empleos en EU que iban a trasladarse al estado de Nuevo León.

Las críticas han sido demoledoras en tanto se considera que esto afectará directamente a los consumidores norteamericanos, quienes tendrán que comprar bienes mucho más caros. Los trabajadores de Carrier en el vecino país cuestan alrededor de 30 dólares la hora entre salario y beneficios, comparados con unos 3 dólares por trabajador en México.

El influyente diario conservador The Wall Street Journal ha sido muy claro: “Como aprendieron a la mala los trabajadores de la industria automotriz estadounidense, la verdadera seguridad laboral depende de la rentabilidad del negocio. Si los costos extra de permanecer en EU erosionan el modelo de negocios que le ha dado éxito a Carrier, esos trabajadores perderán sus empleos de todos modos”.

De acuerdo con esta fuente, “los millonarios subsidios fiscales que Trump le prometió a esta empresa durante 10 años por renunciar a la construcción de una nueva planta en Santa Catarina, Nuevo León, harán exageradamente costoso mantener esos empleos en EU”.

Las voces críticas provienen de las propias filas republicanas. Sarah Palin, excandidata a la vicepresidencia de EU, ha dicho que estamos frente a “un capitalismo de amigotes”, y que cuando el gobierno “interviene arbitrariamente con subsidios individuales, favoreciendo a una empresa sobre otras, establece un precedente incoherente, injusto e ilógico”. El caso Carrier, dice Palin, subvierte, violenta, “todos los principios del libre mercado que depende, precisamente, de millones de empresas individuales para decidir cómo emplear mejor sus recursos”.

Parece que Trump se enfrentará a una amplia oposición en su determinación de sacar empresas norteamericanas de México. Sin embargo tendrá, a partir del 20 de enero, cuando tome posesión de la presidencia, el suficiente poder ejecutivo para tomar este tipo de decisiones.

El asunto Carrier no es menor. Habla del enorme riesgo que representa para México la posible deslocalización de empresas norteamericanas asentadas en nuestro territorio.

Pienso en las consecuencias que esto tendría para clusters vinculados a la industria automotriz como el ubicado en la zona del Bajío, Guanajuato; a la informática en la Zona Metropolitana de Guadalajara, o al sector aeronáutico en Hermosillo. Tan poderosa ha sido la influencia de estas actividades, que incluso ha modelado la oferta educativa y las políticas de formación de capital humano a escala regional.

Un descenso de la oferta de empleo que generan las maquiladoras en diversas ciudades de la frontera norte, ya muy castigadas por la violencia y la ruptura del tejido social, tendría un efecto devastador sobre los niveles de pobreza y potenciaría la inseguridad y la ingobernabilidad.

En este marco, no veo al gobierno mexicano diseñando escenarios, previendo presupuestos emergentes o redes de protección social que permitan amortiguar los efectos de una eventual derogación del TLC o del éxodo de actividades económicas que hoy generan grandes cuotas de empleo formal. Algunas voces siguen esperanzadas en una posible “moderación” de las propuestas de Trump y otras hablan de la necesidad de “potenciar” las relaciones comerciales de México con otras naciones, algo difícil de lograr cuando el 80% de nuestro comercio se dirige hacia EU.

El caso Carrier muestra que las políticas proteccionistas de Trump se irán endureciendo, no importa el costo para los consumidores del vecino país y para las estrategias de negocio de las empresas norteamericanas. Trump va a cumplir sus compromisos, y eso debe preocuparnos.

Estamos frente a señales de alerta. Ante la falta de visión prospectiva del gobierno, es hora de que desde las filas de la sociedad civil, los empresarios y las instituciones académicas, empecemos a proponer respuestas. El reciente anuncio de la inversión de 700 millones de dólares de Lucid Motors, que abrirá una planta en Arizona para producir su automóvil eléctrico, que se apoyará con proveedores de autopartes en Sonora, representa una clave que debería ser profundizada por el gobierno mexicano. Algo están haciendo bien la gobernadora Pavlovich y el gobernador Ducey.

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