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México ha pospuesto durante muchos años reformas urgentes y necesarias para darle competitividad económica, política y social al país. Por ello nadie puede escatimarle méritos al presidente Enrique Peña Nieto por las reformas logradas. En cualquier país, estas acciones generarían una mejora sustancial en la calificación y apoyo al gobernante. Pero estamos en México.

La Primera Encuesta Nacional de Opinión Ciudadana 2014 correspondiente a  abril de 2014 de GEA-ISA, habla de una caída sostenida de los niveles de consenso ciudadano hacia Peña Nieto.

Algunos datos: en el primer trimestre de 2013 el 55% de la población aprobaba la labor del Presidente Peña Nieto; para el primer trimestre de 2014 bajó a 37%, 18 puntos porcentuales menos. La desaprobación al Presidente en el mismo lapso creció de 33 a 52%. El consenso a su gabinete se desplomó de 48 a 29%.

46% piensa que Peña Nieto ha hecho menos de lo que se esperaba. Mientras que en marzo de 2013 el 51% opinaba que con este gobierno las cosas cambiarían para bien, la cifra bajó a 30%.

A la pregunta sobre cuál es el mayor acierto del gobierno de Peña Nieto, 35% contesta que “ninguno” y 15% no responde.

Al PRI no le va mejor. 51% de los ciudadanos considera que este partido no sabe cómo gobernar; y 55% piensa que es tanto o más corrupto que antes.

Algunos pensarían que la encuesta de GEA-ISA contiene cierto sesgo político, toda vez que se sospecha de alguna cercanía de esta empresa de estudios de opinión al Partido Acción Nacional.

Sin embargo, la caída de la popularidad presidencial es visible también en los balances de cinco empresas más: de la propia GEA-ISA, Parametría, BCG en vivienda, Ipsos-Bimsa y Buendía y Laredo. Tres encuestadoras reportan, por su parte, un modesto repunte positivo: Consulta Mitofsky, Reforma y BCG vía telefónica. El promedio de estos estudios demoscópicos arroja finalmente un balance negativo: 49% de desaprobación al presidente y su administración; 45% de aprobación. La “poll of polls”, la “encuesta de encuestas” se puede consultar en : http://www.buendiaylaredo.com/encuestaspublicas_detalle.php?idpublicacion=270.

Pareciera que en este país es un grave error intentar los cambios. Estamos ante un ciudadanía que dispara sus expectativas frente a sus gobiernos, como fue el caso de los gobiernos de la alternancia del PAN de 2000 y 2006, que poco esta dispuesta a comprometerse en participar y apoyar los cambios necesarios, y que es sumamente exigente de resultados en el corto plazo. También hay que sumarle un grave déficit en el cumplimiento de sus obligaciones cívicas básicas.

Lo más preocupante es que estamos por entrar a un proceso electoral intermedio en 2015, donde se renueva la Cámara de Diputados, y que presenta un escenario de franco decrecimiento de respaldo popular del PRI, PAN y PRD, y un ascenso del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), hoy convertido en partido político, que puede colapsar las reformas aprobadas e, inclusive, y hasta impulsar su regresión.

Vivimos otro momento crítico para el país. Es otra hora histórica de la verdad, donde los mexicanos tenemos que decidir qué futuro queremos. La hora en que los políticos nos deben demostrar si cuentan con la capacidad para conducir los destinos de un país de grandes contradicciones y potencialidades por caducar, y que requiere construir una nueva gobernabilidad en el marco de una democracia plural y compleja.

Esta es la gran paradoja del reformador: impulsar una agenda de reformas para lograr mejores resultados y correr el riesgo de perder el poder, o posponer los cambios, simular y negociar con los poderes reales para continuar en el poder bajo la premisa de cambiar a medias para que todo siga igual. La diferencia sólo puede ser la participación ciudadana, pero no hay indicios de su despertar todavía. Urge impulsar una mayor presencia ciudadana en los asuntos públicos.

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