Mientras escribo estas líneas, la televisión despliega imágenes insólitas del Capitolio, el hermoso edificio ubicado en el corazón de la ciudad de Washington, que alberga las dos cámaras del Congreso de los Estados Unidos, asaltado por una turba de fanáticos de Donald Trump, intentando a toda costa impedir la declaratoria de Joe Biden como presidente electo de ese país.

Una muestra de cómo el discurso de un fanático puede llevar a un importante número de personas a cometer actos que desafían la legalidad y la estabilidad de las instituciones. Afortunadamente, la intentona no prosperó y el vecino país ya tiene un nuevo líder.

Los demócratas, además, tendrán el control de la cámara de senadores, lo cual le otorga plenos poderes a Biden para implementar su proyecto de gobierno hacia los próximos cuatro años.

La tarea, sin embargo, no será fácil. Trump cuenta todavía con una importante base política y social y deja un país muy polarizado. El reto del nuevo presidente será cerrar brechas y buscar reconciliar a esos dos Estados Unidos que parecen tan confrontados.

Para México, el arribo de Biden significará un importante reto diplomático, un reto ante el cual no bastará con citar la Doctrina Estrada y el ideario de Benito Juárez. Se requerirá apertura, imaginación, capacidad para reinventar la agenda bilateral, y no solo retórica nacionalista, como hasta ahora.

Aunque Biden es un hombre congruente, experimentado y predecible, todo lo contrario a la visceralidad de Trump, su administración habrá de ejercer una importante presión sobre México en temas como derechos humanos, medio ambiente y política laboral. En cambio, se espera mayor flexibilidad del lado norteamericano en lo que respecta a la migración.

En México, mientras tanto, seguimos sumidos en la crisis sanitaria generada por la pandemia de SARS-Cov-2, la cual ha provocado ya 130 mil muertes, de acuerdo con una cifra oficial que habría que multiplicar por 2.6, según expertos, para acercarse al dato real, mientras la vacunación marcha a un ritmo muy lento y en medio de un marcado desorden.

De seguir con los problemas operativos observados hasta el momento en la vacunación, será difícil que se cumpla con el calendario establecido por este gobierno, lo cual puede generar una profunda incertidumbre social y económica, al retrasar la reapertura de actividades productivas.

Cabe aclarar que la pandemia está fuera de control, incluso en países desarrollados como Estados Unidos, Alemania y Francia. En estos dos últimos, se ha tenido que retornar incluso a rigurosos esquemas de confinamiento para evitar más contagios.

Ello, sin embargo, no le quita responsabilidad a lo que en México se dejó de hacer desde un inicio en materia de reconversión hospitalaria, compra de equipo médico e insumos, aplicación de pruebas, campañas de concientización para la práctica de la sana distancia y el uso de cubrebocas. Con respecto a estos dos últimos temas, la comunicación gubernamental ha sido contradictoria y errática, y eso ha generado una gran confusión entre la ciudadanía.

La Ciudad de México sigue siendo el epicentro de la crisis sanitaria a nivel nacional, con un sistema hospitalario prácticamente saturado que está resintiendo el impacto en contagios producto de las fiestas decembrinas.

De continuar las tendencias, se cumplirán los pronósticos del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, que proyecta una cifra de 167 mil muertes por COVID-19 en México para abril de este año. Un escenario francamente indeseable y terrible.

La economía, de acuerdo con el Banco de México, podría tardar varios años en regresar al nivel del primer trimestre de 2019, mientras el FMI augura una recuperación modesta de 3.5% para 2021 frente a una caída de 9% en 2020. En ello influirá no solo la evolución de la pandemia, sino también la persistencia de una profunda desconfianza empresarial hacia el actual gobierno. Una nula generación de riqueza será el signo de esta Administración de la 4T y gravitará en el ánimo social en el proceso electoral de julio de este año.

La alianza PAN-PRI-PRD, más allá de las dudas sobre su pragmatismo, constituye una alternativa con potencial para competir con Morena en algunos territorios. Este partido, mientras tanto, ha empezado a sufrir rupturas por los desacuerdos ante el proceso de selección de candidatos para las gubernaturas. Esto, más los negativos del gobierno de AMLO, tendrán un costo político que todavía es difícil de evaluar.

Estos son algunos pronósticos que quería compartirles, queridos lectores. Excelente arranque de año.

Comments

comments