Recientemente apareció en la plataforma de Netflix un documental denominado El dilema de las redes sociales, mismo que ha causado un gran debate sobre los efectos de estos novedosos medios de comunicación. Sus creadores han logrado captar la atención de millones de personas que se preguntan sobre los beneficios y perjuicios del nuevo y poderoso mundo digital.

Para ello usan un arsenal de provocativos recursos, como afirmar que “hay dos industrias que llaman a sus clientes usuarios: la de las drogas ilegales y la del software”.

El documental habla de “la adicción y los impactos negativos de las redes sociales en personas y comunidades, como resultado de las estrategias diseñadas para manipular emociones y comportamientos, y mantener conectados a los usuarios. El objetivo sería acaparar el tiempo de las personas, una moneda valiosa para empresas, políticos, organizaciones o países que quieran vender productos o ideas a audiencias vulnerables e hipersegmentadas”.

Sin duda es un tema muy interesante e importante, donde hay grandes preocupaciones y pocas soluciones. Por ello, resulta interesante lo que dice Martin Hilbert, investigador alemán de la Universidad de California-Davis y quien hizo el cálculo de cuánta información hay en el mundo.

Hilbert sostiene con relación a las redes sociales y su creciente poder:

  • El crecimiento de la digitalización siempre fue exponencial, pero la pandemia lo aceleró con esteroides”.
  • Hay dos efectos digitales del coronavirus y sus conclusiones son poco optimistas: las personas no saben cómo lidiar con el poder de los algoritmos, los gobiernos no saben cómo usarlos en favor de la población y las empresas se resisten a adoptar pautas éticas efectivas.
  • Tuvo dos efectos simultáneos: nos hizo más sensibles a las secuelas tóxicas de la digitalización, pero aceleró nuestra dependencia de ella. El segundo efecto es más poderoso que el primero: estar conscientes de que esta adicción nos hace mal no produce ningún cambio en nuestras conductas. Las llamadas tecnologías persuasivas cumplen su misión cuando eres adicto y no puedes desviar tu atención de ellas”.
  • Hay que entender cómo funciona esta economía digital, donde el recurso escaso a explotar es la atención humana. El negocio de los gigantes tecnológicos −Google, Apple, Facebook, Amazon− no es ofrecerte avisos comerciales: es modificar tus comportamientos para optimizar el rendimiento de esos avisos. Y pueden hacerlo porque los algoritmos, al procesar millones de datos sobre tu comportamiento, aprenden a predecirlo, mucho mejor que tú mismo.
  • Al algoritmo no le importa hacia qué lado te llevan las noticias falsas, simplemente le sirven para atraparte porque cuadran mejor que la verdad con nuestros sesgos cognitivos. En particular, con dos de ellos. Uno es el sesgo de confirmación: si una información refuerza tu opinión, se ha verificado que es 90% menos probable que la identifiques como falsa. Y aun si te dicen que era falsa, es 70% más probable que un tiempo después la recuerdes como verdadera. El otro es el sesgo de novedad. Nosotros evolucionamos para prestar una atención desproporcionada a lo novedoso. Al que no lo hizo, se lo comió el tigre. Y la verdad no suele ser novedosa, ya la has escuchado antes. Las noticias falsas obtienen en las redes 20 veces más retuits que las verdaderas.
  • Y la ventaja de los algoritmos es que estas conductas son predecibles: somos irracionales, pero predeciblemente irracionales. Interesantes afirmaciones de Martin Hilbert, que además que nos abren el mundo real detrás del digital, nos invita a reflexionar sobre las redes sociales y sus efectos en nuestra realidad.

A la pregunta de qué hacer para evitar los efectos negativos de las plataformas sociales, Hilbert propone que los gobiernos deben de crear regulaciones eficientes para evitar los daños y abrir la discusión de las reglas a desarrollar, más allá de los espacios de expertos y nerds, porque, sostiene, estamos quebrando varios acuerdos sociales con el poder de esta economía desregulada.

Interesante tema y discusión. Es hora de abrir los ojos y socializar el tema: ¿qué vamos a hacer con el inmenso poder adquirido por las empresas dueñas de las plataformas sociales y un mundo en manos de los que más dominan el espacio digital?

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