El informe presentado por el Presidente López Obrador el pasado domingo, fue por lo menos decepcionante.

Ajeno al clamor de empresarios, analistas y sociedad civil, que demandan urgentemente medidas, incluso un pacto nacional, para paliar el impacto económico de la pandemia de COVID-19, AMLO esbozó un “plan” que se quedó francamente corto ante el tamaño de la crisis que viene; fue, simplemente, una reiteración de las líneas de su proyecto de gobierno.

El mensaje presidencial revela su visión anti-empresa que considera que todo aquel que emprende y arriesga un capital para obtener una utilidad legítima es un individuo movido por la corrupción, el egoísmo social y la búsqueda de un lucro indebido.

López Obrador no le habló a una Nación compleja y plural que espera de su Presidente un liderazgo a la altura de los retos que estamos enfrentando.

Le habló a su núcleo duro de simpatizantes y a los 22 millones de mexicanos, incorporados a sus programas sociales, los cuales, sin ningún afán peyorativo, sobreviven de los subsidios gubernamentales y no forman parte del México productivo que empuja la economía de este país con su trabajo, su generación de prosperidad y el pago de sus impuestos.

Ante las insistentes demandas de líderes empresariales de todos los sectores y todas las cámaras, que solicitan no que el gobierno les condone el pago de impuestos, sino una prórroga fiscal que les permita posponer el cumplimiento de sus obligaciones ante el SAT o ante el INFONAVIT, a la espera de una eventual recuperación de ingresos y liquidez, el Presidente se mostró ciego y sordo.

Para López Obrador, todas las empresas son iguales, lo mismo Telcel y Peñoles, que facturan cientos de miles de millones de pesos al año, que las pequeñas y medianas que, con grandes tribulaciones, mantienen una plantilla laboral con prestaciones de seguridad social y que generan el 52% del PIB y el 75% del empleo en México.

Me gustaría ver a un político como él, que le fascina recorrer las comunidades y mantener contacto con la gente, dándose una vuelta por las zonas comerciales donde se ubican los restaurantes y negocios en distintas ciudades como México, Hermosillo o Morelia, para observar negocios cerrados cuyos dueños no saben cómo podrán cubrir la nómina de sus empleados en estos tiempos tan complicados.

Negocios, además, amenazados con severas sanciones si despiden personal a partir de un decreto gubernamental que se los prohíbe expresamente, aunque carezcan de clientes y ventas; negocios a los que, además, se les ha negado cualquier tipo de apoyo fiscal. ¿Dónde está el López Obrador que ganó la elección tomándole el pulso a lo que piensa y siente el México profundo?

En tan solo tres semanas, se han perdido casi 350 mil empleos formales. Detrás de ellos, hay mexicanos que no saben si mañana tendrán servicios de salud y cómo pagarán la despensa, las cuentas de predial, luz y agua.

Mientras el gobierno mexicano está anunciando apoyos por un equivalente a un punto porcentual del PIB, el de EU está comprometiendo 10.7%, Gran Bretaña el 36.5%, Brasil el 4.5%, una proporción importante de estos recursos enfocados a la protección de las empresas y el empleo. Son tiempos extraordinarios que requieren acciones extraordinarias; sin embargo, el Presidente piensa que estamos ante una “crisis pasajera”, y así actúa.

No es así, estamos ante una crisis que, se avizora, será más profunda y más duradera que la de la tercera década del siglo pasado. Los pronósticos para México son devastadores: hasta un 8 o 10% de caída en el PIB para 2020 con una pérdida de un millón de empleos.

AMLO, en tanto, centra las acciones de su gobierno en la construcción de la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya, el aeropuerto de Santa Lucía, obras cuya utilidad pública no está comprobada; en el fortalecimiento de Pemex, una empresa que el año pasado perdió más de 18,300 millones de dólares, dinero más que suficiente para subsidiar los programas sociales y crear la infraestructura hospitalaria que requiere el país para enfrentar la epidemia por COVID-19.

Mientras tanto, crece la irritación empresarial contra el Presidente, vamos hacia un choque directo con el sector del que proviene el 86% de la inversión que se realiza en México.

Parece que la apuesta de este gobierno es agudizar la crisis para imponer su proyecto, ¿para qué, para gobernar un país en ruinas? Ya veremos.

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