053_Miniatura_México- reprobado en ciencia y tecnología copy

Algo que aprendí a mi paso por la Secretaría de Desarrollo Social del Gobierno Federal (Sedesol) como Subsecretario de Planeación, es que uno de los retos más importantes que tiene la política social es ejercer el presupuesto destinado para el combate a la pobreza de manera más eficiente. 053_INFOGRAFIA_México- reprobado en ciencia y tecnología copy

No se trata de un desafío menor, si consideramos que existen en México casi 5 mil 500 programas y acciones de desarrollo social instrumentados por los tres órdenes de gobierno en los que se invierten cientos de miles de millones de pesos. Articular estos programas es una tarea extremadamente complicada ya que cada nivel de gobierno busca construir sus propias clientelas. Existen incentivos perversos para la competencia entre autoridades y eso es algo que debemos erradicar si queremos construir una política social más cohesionada y mejor enfocada a abatir la pobreza y las carencias sociales.

Por esta razón, la Secretaría de Desarrollo Social, con el apoyo técnico y financiero del Banco Mundial, ha impulsado la creación del Sistema de Información Social Integral (SISI), un repositorio único, abierto y accesible de la información de los beneficiarios y potenciales beneficiarios de los programas de desarrollo social operados por los tres niveles de gobierno que propicia la coordinación y el uso eficiente del gasto social.

Se trata de un sistema creado por emprendedores mexicanos formados en universidades públicas y privadas nacionales y de los Estados Unidos, entre ellas Harvard, que despertó el mayor interés del Banco Mundial, quien ha financiado su creación y consolidación. Estamos frente a una tecnología con visión social que coloca a México a la vanguardia a nivel global.

Nuestro país es semillero de miles de jóvenes talentos que traen consigo muchas ideas innovadoras. Sin embargo, se topan con dos importantes obstáculos: la falta de financiamiento a proyectos de investigación y desarrollo de nuevas tecnologías, y las limitaciones para acceder a escuelas de calidad mundial.

Lo anterior me llevó a proponer la suscripción de un Tratado de Libre Conocimiento entre México, Estados Unidos y Canadá, que permita, entre otras cosas:

  • Crear una zona que facilite la movilidad de estudiantes, maestros, investigadores y tecnólogos.
  • Crear Fondos de Apoyo e Inversión para la creación de redes de conocimiento y emprendimiento de proyectos estratégicos para la región.
  • Impulsar el proyecto de Universidad de América del Norte a través de la colaboración abierta entre universidades, centros de investigación y desarrollo, empresas y gobiernos para generar capacidades de generación de conocimiento y oportunidades para su aplicación.
  • Impulsar la creación de redes regionales de conocimiento en áreas y sectores críticos para la competitividad de la zona.
  • Fomentar la atracción de talento de otros países y regiones que complemente los esfuerzos nacionales y regionales.
  • Crear ecosistemas para convertir la zona de América del Norte en el mejor lugar para innovar y desarrollar nuevas ideas.

El TLC debe enriquecerse con nuevos componentes que permitan formar capital humano de calidad y catapultar a la región como un espacio generador de tecnología de vanguardia a nivel global.

Aquí en México, tenemos muchos pendientes. Recientemente la OCDE colocó a México en los peores niveles de capacidad para innovar y desarrollar tecnología tanto por parte del gobierno como de las empresas privadas.

El gasto público en innovación y desarrollo (I+D), el presupuesto que destinan las principales 500 universidades del país en esta materia, la inversión en Tecnologías de la Información y Comunicaciones, las suscripciones a banda ancha fija, las patentes solicitadas por universidades y laboratorios públicos y el nivel de educación superior de la población adulta, son variables que en México están muy lejos de alcanzar los niveles medios de los países de la OCDE. Por otra parte, México registró un gasto interno bruto en investigación y desarrollo (GIBID) de 11,683 millones de dólares, lo que representa apenas el 1% del total invertido por los 37 Estados que integran la organización internacional.

Recientemente ante la comunidad académica y empresarios, López Obrador se comprometió a aumentar el presupuesto en Ciencia, Tecnología e Innovación. Ojalá cumpla y no estemos una promesa más de su interminable campaña, porque ya es hora de hacer política pública en serio.

Comments

comments