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Las izquierdas, con toda su agenda de igualdad y justicia social, con su permanente preocupación por la calidad de vida de la gente, con su compromiso hacia los derechos de las mujeres y de las minorías sociales, son ingrediente indispensable de un sistema político democrático plural y vibrante.

En México, la inclusión a la vida pública de las izquierdas, antes duramente reprimidas por los regímenes posrevolucionarios, tuvo lugar hasta la década de los setenta con la reforma política impulsada por Jesús Reyes Heroles, un personaje visionario que fungiera como Secretario de Gobernación en la administración del Presidente José López Portillo (1976-1982).013_INFOGRAFIA_El_futuro_de_la_izquierda copy

México venía de un largo periodo de gobiernos priístas autoritarios que derivaron en acontecimientos traumáticos como la matanza de estudiantes el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de Tlatelolco de la Ciudad de México. Este hecho radicalizó a sectores de la población que decidieron tomar las armas en contra del gobierno (muchos eran jóvenes estudiantes de clase media), dando paso a una cruenta lucha que dejó cientos muertos y desaparecidos.

Había que abrir una válvula que permitiera despresurizar al sistema político mexicano, crear canales de expresión y participación para esos sectores que se sentían marginados del sistema y, de acuerdo con Reyes Heroles, la mejor vía era dándoles cabida en el sistema de partidos para que canalizaran sus demandas por la vía pacífica y en el marco de las instituciones.

La participación de las izquierdas fue creciendo al grado de que, aliadas con un ala disidente del PRI (la llamada “Corriente Democrática” encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas), estuvieron a punto de ganar las elecciones presidenciales de 1988, pero el gobierno instrumentó un fraude para evitarlo.

No obstante, las izquierdas conquistaron el poder en la capital de la República en 1997, precisamente con Cuauhtémoc Cárdenas, y desde entonces no han dejado de gobernar la ciudad más rica, culta, educada, tecnológicamente avanzada y dotada de la mejor infraestructura de todo el país. En 2002 el hijo de Cuauhtémoc, Lázaro Cárdenas Batel, ganó la gubernatura de Michoacán. Fue el inicio de una era de crecimiento de la izquierda que llevó al partido más prominente de esta corriente, el PRD, a encabezar el poder Ejecutivo en varios estados, a dominar decenas de congresos locales y a presidir cientos de ayuntamientos.

El gran reto del PRD fue construir nuevos modelos de gobierno que rompieran con los viejos vicios, la opacidad y la ineficacia de las administraciones del PRI. La alternancia democrática del viejo PRI a las administraciones perredistas, trajo consigo las expectativas de muchísimos ciudadanos de que, casi de manera automática, habrían de resolverse muchos de los problemas que nos agobian; esto no sucedió, pero sí surgieron iniciativas y experiencias de política pública que mostraron un estilo propio de gobernar de la izquierda. Si tomamos como ejemplo la Ciudad de México, el sello característico de la izquierda quedó plasmado en un más efectivo reconocimiento de los derechos de las minorías, una decidida apuesta por la igualdad de género, el impulso a nuevas modalidades de transporte público y el uso de la bicicleta, la democratización del arte y la cultura, la regeneración de los espacios públicos y el acceso equitativo a los mismos, así como la construcción de un amplio aparato de protección social enfocado a los grupos más vulnerables (adultos mayores y mujeres, principalmente). Estas mismas prioridades se vieron reflejadas en la agenda legislativa de este partido.

Para el PRD, el ascenso y liderazgo de Andrés Manuel López Obrador ha sido gloria e infierno. Le permitió refrendar el gobierno de la Ciudad de México en el año 2000, casi ganar los comicios presidenciales de 2006 y posicionarse como la segunda fuerza política en el 2012.

Sin embargo, López Obrador se dio cuenta de que existían poderosos obstáculos a su proyecto al interior de partido de la Revolución Democrática, encarnados en las distintas tribus, y decidió crear su propia plataforma, Morena, hacia la cual se ha fugado una amplia masa de cuadros políticos y militantes, vaciando al PRD y poniéndolo en grave riesgo de viabilidad. A pesar de ello, esta sigue siendo una fuerza política representativa en muchos territorios del país y hoy ha forjado una alianza plural con el PAN y Movimiento Ciudadano para caminar juntos hacia el próximo 1º de julio.

A todos nos conviene que influya cada vez más la agenda de la izquierda, que le vaya bien. México necesita una izquierda fuerte, moderna, que profundice la lucha contra la pobreza, que le dé voz a la sociedad civil y un rostro más humano al mercado.

La pregunta es en que opción de las que compiten en esta elección se encuentra la agenda de izquierda que le conviene a México.

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