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Este domingo concluyen las precampañas. Quisera hacer un primer corte de lo sucedido hasta esta etapa. Les comparto algunos datos y/o reflexiones.

Uno) AMLO encabeza las preferencias electorales en los estudios de opinión. El de Buendía & Laredo publicado a finales de enero, le da 32% de intención de voto a López Obrador, 26% a Ricardo Anaya y 16% a José Antonio Meade. En la encuesta de Alejandro Moreno en El Financiero, AMLO obtiene 38%, Anaya 27%, Meade 22%. Este resultado resulta lógico hasta este momento, pues es el candidato más conocido con sus 12 años en campaña. Sin embargo, no hay nada escrito sobre piedra. El inicio formal de las campañas el 31 de marzo provocará ajustes importantes en las estrategias de todos los candidatos tomando en cuenta que estamos frente a un electorado muy volátil y un importante segmento de indecisos.

Dos) La precampaña mostró un López Obrador mucho más conciliador, más pragmático, que ha descubierto un recurso valiosísimo en el humor. Concede el perdón a la “mafia del poder”, ofrece una amnistía a delinciuentes y corruptos, se burla de quienes lo comparan con Hugo Chávez y de la supuesta conjura rusa para intervenir a su favor en los comicios. Su reciente descarga contra el periodista Jesús Silva Herzog, quien lo acusó de haberse convertido en un oportunista al abrigar en Morena a personajes impresentables reveló, sin embargo, que todo lo que hemos visto: AMLO 3.0 puede ser sólo una estrategia de mercadotecnia.INFO-PRECAMPAÑA-01-01-03-01

Tres) Un experto en mercadotecnia política, el español Antonio Solá, que acuñó el lema “López Obrador es un peligro para México” para la campaña de 2006, considera que AMLO ganará los comicios ya que es el candidato que mejor interpreta la ira de los ciudadanos contra el sistema, el Presidente Peña Nieto y el PRI. Solá considera que el riesgo de que México siga el modelo populista de Venezuela en caso de que gane el tabasqueño es escaso, debido a que nuestro país cuenta con mucho mayores contrapesos al ejercicio de poder e instituciones democráticas mucho más sólidas. Sin embargo, su pragmatismo lo esta haciendo cada vez menos radical, más moderado, y ello puede tener implicaciones en las preferencias de un electorado que anda en busca de quien se la pague.

Cuatro) Ricardo Anaya aspirante de la coalición “Por México al Frente” (PAN-PRD- Movimiento Ciudadano) se mantiene de manera consistente en el segundo lugar en la mayoría de los sondeos de opinión, y se considera que tiene un potencial de crecimiento muy alto. Ya se da por hecho que la contienda será entre Anaya y AMLO. Es un orador incisivo y eficaz y es visto como un hombre culto y educado. Su mayor desafío consiste en convencer a los electores base, izquierdistas y liberales de votar por él y constituirse en una opción de cambio disruptiva pero responsable, que lo distinga de un López Obrador pragmático y de un Meade demasiado sistémico. Los constantes ataques del PRI lo han habilitado como un opositor al sistema y lo han dotado de mayor credibilidad en su lucha de cambio. Su propuesta de Ingreso Básico Universal viene ganando simpatías y tal vez sea la propuesta más innovadora presentada en la etapa de precampaña.

Cinco) De Meade, qué podemos decir. Cada vez más rezagado, sumido en una campaña errática donde no logra definir su público objetivo y sus mensajes fuerza, será “devorado por las circunstancias” dice Antonio Solá. Se refiere al poderoso campo gravitacional que representa el PRI con todos sus vicios e inercias. Sus credenciales de honestidad, experiencia y capacidad no resultan suficientes para movilizar simpatías a su favor. No logra consolidarse como un outsider (es demasiado priista para los ciudadanos, y demasiado ciudadano para los priistas). Su debilidad constituye un riesgo para la democracia, ya que obligaría al PRI a utilizar todo el poder del aparato de Estado para llevarlo a la Presidencia, abriendo paso a un conflicto político de proporciones incalculables. El fantasma de su sustitución de la candidatura presidencial para postular a Aurelio Nuño, sigue flotando. Si ocurre, sería un terrible golpe moral para el PRI y sólo generaría más confusión y desánimo entre su militancia. Al parecer, su propio equipo lo esta asfixiando.

Seis) Me preocupa lo que dice José Woldenberg en Reforma. Si algo ha caracterizado a las precampañas y es posible que se convierta en el elemento distintivo de todo el proceso electoral, es la frivolización del discurso político. Se ha perdido el objetivo de las campañas que es exponer los retos de una sociedad inmersa en graves desafíos y proponer las soluciones. Predominan no los expertos en diseño de política pública, sino los diseñadores de “imagen”, los que conocen el mercado de votos y saben lo que la gente quiere oír. Todo esto explica la baja calidad del debate y el predominio del espectáculo político. Además el golpeteo del PRI y del gobierno a Ricardo Anaya esta tomando proporciones preocupantes que exhiben a un sistema desfondado.

Es lo que veo como saldo de las precampañas. Ahora viene lo bueno, la hora de los ciudadanos, quienes debemos estar listos a exigir a la partidocracia y a sus candidatos responsabilidad, congruencia, compromiso con la democracia, alternativas sólidas y factibles a los grandes problemas nacionales. El riesgo de una involución autoritaria está ahí, tenemos que hacer algo.

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