La robolución de las personas electrónicas

El debate sobre la definición de la personalidad jurídica de los robots, de si son sujetos o no de derechos y obligaciones, tiene importantes implicaciones éticas y morales.
marzo-30

La suma de los avances en materia de cómputo, nuevos lenguajes de programación, conectividad y protocolos de comunicación han logrado potenciar la inteligencia artificial. Esta es una rama tecnológica que parte del uso de algoritmos secuenciados de manera ordenada que permiten desarrollar capacidades para identificar y resolver problemas.

La inteligencia artificial también puede definirse como un conjunto de técnicas ligadas a circuitos electrónicos y programas avanzados de cómputo, que buscan imitar procedimientos similares a los procesos inductivos y deductivos del cerebro humano. Su expresión más conocida es la robótica, que hoy en día crece de manera acelerada y reemplaza en diferentes tareas a los seres humanos.

Según el Foro Económico Mundial, la automatización y la inteligencia artificial van a hacer perder su empleo a 7.1 millones de personas en las 15 economías líderes en los próximos cinco años, y sólo se crearán 2 millones en su lugar como reemplazo.

De ahí que haya nacido el término de “Robolución” para referirse al importante cambio exponencial hacia el uso de la robótica en muchas tareas, desde la limpieza en nuestros hogares, pasando por los vehículos no tripulados, hasta la total automatización de industrias distribuidas por el mundo, denominada la nueva revolución industrial o el Internet industrial.

La robotización del mundo ha despertado un interesante debate sobre el estatus jurídico de los robots, del alcance de sus derechos y obligaciones. Recientemente el Parlamento Europeo votó favorablemente una iniciativa para que, cuando llegue el momento necesario, otorgar una “personalidad electrónica” a los robots con suficiente autonomía de decisión. Se piensa en la posibilidad de considerarlos en un futuro como “personas electrónicas”.

La iniciativa del Parlamento Europeo menciona la necesidad de “establecer normas comunes, o la responsabilidad de las acciones de algunos robots civiles”.

La actual legislación sólo considera los reclamos de los defectos de fabricación de los robots. La idea es “crear a largo plazo una personalidad jurídica específica para estas máquinas, de forma que como mínimo los robots autónomos más complejos puedan ser considerados personas electrónicas responsables de reparar los daños que puedan causar”. También “aplicar la personalidad electrónica a aquellos supuestos en los que los robots tomen decisiones autónomas inteligentes o interactúen con terceros de forma independiente”.

Por su parte, y de acuerdo con la BBC, el gobierno de Corea del Sur analiza la posibilidad de elaborar una especie de código ético para prevenir los abusos humanos contra los robots, y de éstos hacia los humanos.

Japón también participa en este tema, y para ello ha desarrollado su Estrategia Nacional de Robots. China, por su parte, logró que la Organización Internacional de Normalización aprobará un norma mundial de seguridad para los robots de servicios.

El debate sobre la definición de la personalidad jurídica de los robots, de si son sujetos o no de derechos y obligaciones, tiene importantes implicaciones éticas y morales. Es un tema complejo y con pocos referentes, pero inaplazable frente al creciente uso de máquinas inteligentes con cada vez mayor independencia y autonomía. Este será un interesante debate.

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