Invitación a Trump: grave error

México necesita un Presidente fuerte. Pero esa legitimidad política se gana tomando las decisiones correctas.
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“México no se aprovechará más de nosotros. No tendrán más la frontera abierta. El más grande constructor del mundo soy yo y les voy a construir el muro más grande que jamás hayan visto. Y adivinen quién lo va a pagar: México”, “México no es nuestro amigo. Nos está ahogando económicamente”, “Cuando México nos manda gente, no nos manda a los mejores. Nos manda gente con un montón de problemas, que nos trae drogas, crimen, son violadores”, “Durante muchos años, los líderes de México se han estado aprovechando de EU mediante el uso de la inmigración ilegal para exportar el crimen y la pobreza de su propio país”, “El gobierno totalmente corrupto de México luce horrible con el escape del Chapo”. Son sólo algunas de expresiones de Donald Trump con respecto a México.

Su advertencia de que revisará el Tratado de Libre Comercio provocaría un tsunami económico en México, con daños incalculables al empleo y el cierre de miles de empresas, a lo que vendría a sumarse la deportación de millones de mexicanos con un impacto social desastroso para nuestro país.

¿En qué cabeza cabe, entonces, haberle extendido una invitación a visitar México? Su campaña se encontraba en un punto crítico de deterioro a causa de sus posiciones extremistas, xenofóbicas y racistas, a lo que se suma la pérdida del apoyo de muchos líderes republicanos, quienes lo consideran un individuo peligroso y desequilibrado que los llevará a una segura derrota en los próximos comicios del 8 de noviembre.

La invitación de Peña Nieto le dio oxígeno a Trump, quien de ir abajo en las encuestas de intención de voto ahora se encuentra prácticamente en un empate técnico con Clinton. Incluso un sondeo reciente del diario Los Angeles Times, le da una ventaja de tres puntos al magnate (45% contra 42%).

Una encuesta del periódico Reforma revela el sentimiento de agravio por la invitación a Trump: 85% de los entrevistados considera que se trató de un grave error de Peña Nieto; 72% expresa que este hecho debilita al gobierno mexicano; para el 64%, su opinión sobre nuestro presidente empeoró.

El encuentro entre Peña Nieto y Trump fue el de dos políticos desesperados, el primero enfrentado a niveles preocupantemente bajos de popularidad; el segundo, inmerso en una campaña que venía perdiendo bonos de manera creciente. Peña Nieto salió muy mal parado de la apuesta; Trump, en cambio, logró su objetivo: reposicionar su imagen ante el electorado norteamericano al mostrarse como un “estadista” capaz de dialogar con un gobierno extranjero, como un político “atrevido y valiente” capaz de “meterse a terreno enemigo” para “hablar claro y defender su agenda”.

El gobierno de México fue el gran perdedor, fungió como simple trampolín para los intereses políticos del magnate ultraderechista. El encuentro con Peña Nieto no movió un centímetro sus posiciones: unas horas después de su visita a Los Pinos, Trump dio un discurso en Phoenix donde reiteró que “el muro fronterizo se va a construir, y lo pagarán los mexicanos”.

Se comenta que la decisión de invitar a Trump provocó una crisis al interior del gabinete presidencial ante la oposición de la Secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu y del Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, cuyas posiciones fueron derrotadas por el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, quien influye sensiblemente en la toma de decisiones de Peña Nieto en muy diversos temas de la agenda nacional.

Un mínimo ejercicio de prospectiva política debió haberle indicado al Presidente y a su equipo más cercano, lo improcedente del “diálogo” con el candidato republicano: 7 de cada 10 mexicanos simpatiza con Hillary Clinton, mientras 9 de cada 10 tiene una opinión desfavorable de Donald Trump (encuesta Reforma). Para eso están las herramientas de análisis de la opinión pública, para tomar decisiones estratégicas de Estado.

Se prevé que las siguientes encuestas, podrían ubicar a Peña Nieto en niveles de aprobación de un dígito, lo cual debería preocuparnos. No le conviene a México un Presidente sin liderazgo y capacidad de convocatoria, sin la legitimidad suficiente para tomar decisiones de gran calado, como utilizar la fuerza pública en contra de aquellos grupos violentos que hoy están desafiando la legalidad y el derecho de los niños a la educación.

Sí, México necesita un Presidente fuerte. Pero esa legitimidad política se gana tomando las decisiones correctas. Esta vez, Peña Nieto perdió, y mucho.

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