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Ya han pasado 45 días desde que inició la huelga en la Universidad de Sonora; 30 mil alumnos están sin clases y a punto de perder el semestre. El conflicto está empantanado y ningún actor parece interesado en destrabarlo. Al momento, las posturas de la Rectoría y del Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Universidad de Sonora (STEUS) se miran irreconciliables.

Ahora al STEUS se ha sumado el Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Sonora (STAUS) para hacer un frente común. Su posición es tajante: no levantarán la huelga a menos que la Rectoría ceda a todas sus demandas, incluyendo un incremento salarial que el presupuesto de la Universidad no puede enfrentar. De acuerdo con el último comunicado de las autoridades universitarias, las pretensiones de este sindicato significarían un monto de 280 millones de pesos, un monto impagable, fuera de la lógica presupuestal.

El Rector, Dr. Heriberto Grijalva, ha señalado que el haber cedido año con año a las peticiones de los Sindicatos ha conducido a una grave crisis financiera para la casa de estudios.

De acuerdo a la normatividad federal, los recursos que se reciben de la SEP deberían de utilizarse 75% para nómina y 25% para la operación de la casa de estudios. Hoy la proporción en la Unison es de 94% para pago de sueldos contra sólo 6% para la operación. Esto significa que se han sacrificado recursos indispensables para equipar y operar la infraestructura educativa, en aras de satisfacer las peticiones cada vez más elevadas de los sindicalizados.

Más datos: la Universidad de Sonora paga 10 días adicionales a los que marca la ley en materia de aguinaldo, además las plazas se puedan heredar, se trata de privilegios con los que no cuentan inclusive otras universidades públicas en el país.

Llama la atención, además, que la Unison cuenta con una planta de 5 mil trabajadores bajo diferentes esquemas de contratación, para atender a 30 mil estudiantes.

Estamos ante peticiones lejanas a cualquier sentido de solidaridad y responsabilidad con la viabilidad de la institución y con los miles de jóvenes que buscan en la educación superior una vía para fortalecer su capital humano y con ello su movilidad social.

Las huelgas demeritan la calidad y  condenan a sus egresados a la exclusión de las mejores oportunidades de empleo.

Queremos una universidad fuerte, con alta calidad educativa, que forme profesionistas a la altura de los retos de este tiempo. La Unison ofrece 46 programas de licenciatura, 7 de especialidad, 21 de maestría y 8 de doctorado; es una de las 10 mejores universidades públicas de México, y de nosotros depende que lo siga siendo.

Es urgente establecer un diálogo público frente a los ciudadanos para reflexionar sobre los motivos, consecuencias y posibles salidas a este absurdo paro de actividades que afecta sobre todo a los jóvenes sonorenses que anhelan una formación profesional que los meta de lleno a la competencia en un entorno laboral cada vez más complejo y exigente.

Los sindicatos son instrumentos legítimos para la defensa de los derechos de los trabajadores, son parte de la vida democrática; pero no podemos tolerar que secuestren la universidad que es una institución pública, que es de todos los sonorenses, y que se subsidia con los impuestos que pagamos todos.

Los ciudadanos debemos tomar la iniciativa y exigir a los sindicatos rendición de cuentas, responsabilidad con lo público, un comportamiento que privilegie el interés colectivo más allá de sus expectativas e intereses políticos y laborales. Lo que está en juego es, ni más ni menos, que el futuro de nuestros hijos.

Hoy la Universidad de Sonora nos necesita, a ti a mí, a todos.

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