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La reciente iniciativa de reforma hacendaria ha puesto en el ojo de la atención pública en las clases medias, generalmente olvidadas de la agenda gubernamental, marginadas de la representación política a pesar de que representan el motor de la economía a través de su poder de consumo.

Son las portadoras de la cultura de la democracia liberal, de los valores de ciudadanía; son el alimento de la clase intelectual, de la sociedad civil; constituyen el sector más escolarizado y capaz de crear contrapesos reales al poder gubernamental y la partidocracia.

¿De qué tamaño es la clase media en México? ¿Cuál es su tipología socioeconómica? Para responder a estas preguntas, el INEGI ha realizado un estudio que arroja datos muy interesantes.

Las clases medias representan 42% de los hogares en los que vive 39% de la población del país. 77% de este segmento habita en las ciudades, donde está sometido a intensos procesos de información, politización y participación. Las clases medias acumulan 57% del gasto corriente monetario, es decir, del mercado interno del país. El 63% del gasto de las clases medias se concentra en educación, cultura y recreación lo que habla de su anhelo de movilidad social.

De acuerdo con el INEGI, 58% de los hogares de clase media tiene computadora y 42% Internet; 45% tiene acceso a TV de paga y 79% a telefonía celular, lo que indica una fuerte conexión con las redes sociales y la sociedad de la información y el conocimiento, además de contenidos culturales e informativos mucho más diversos y plurales.

El estudio señala que es “aún es prematuro proclamar que México es un país mayoritariamente de clases medias” y que, lo más preocupante, al ritmo y las tendencias actuales del país “se requerían casi 27 años más, contando desde 2013, para que este estrato social alcance la mayoría absoluta de la población (51%)”.

27 años es un lapso muy extenso de tiempo, que solo podremos acortar con políticas públicas específicas enfocadas a la construcción masiva de clases medias a través de políticas económicas y sociales orientadas exprofeso. Sin embargo, todo parece ir en contra.

La reforma hacendaria aprobada por la Cámara de Diputados eliminó algunos cobros injustos, pero mantuvo el ISR escalonado.

Esta no fue una reforma hacendaria, fue una muy modesta miscelánea fiscal pensada para construir un acuerdo político entre el PRI y el PRD con objeto de lograr el consenso de este partido a la reforma.

Se renunció a gravar al sector informal a través del IVA a alimentos y a medicinas para dotar al Estado de los recursos fiscales necesarios para el funcionamiento de los servicios públicos, de la seguridad pública, la salud, la educación, la construcción de infraestructura.

En la “reforma hacendaria” el PRD le dobló las manos al gobierno con el argumento de “proteger a los pobres”, su base clientelar, pero perdió la clase media. Perdieron los mexicanos emprendedores que pagan sus impuestos, que es condición básica de ciudadanía; perdió el país.

Quedó en evidencia que las clases medias siguen en la orfandad política. Es cierto que el PAN se opuso a esta reforma, pero es un partido que aún sigue muy lejos de recuperar su misión histórica de representar a este segmento de la población. Falta un proyecto estratégico para encabezar los anhelos y expectativas de las clases medias que demandan educación y salud de calidad, empleos formales, oportunidades de negocios, seguridad, políticas económicas y regímenes fiscales favorables a la movilidad social, más transparencia, menos corrupción.

Es hora de darles voz en los temas de la agenda nacional.

 

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